Nos pasamos gran parte de la vida evitando el dolor y el sufrimiento. En realidad, ambos forman parte de nuestra vida y de nuestra evolución como seres humanos. Enfocarnos en el aprendizaje que nos estamos llevando en vez de prestar atención al dolor en sí, nos ayuda a crecer como personas y a desarrollar áreas de nuestra personalidad que de otra forma nos sería imposible. Cuando duele también creces. En realidad, es cuando más creces.
Historieta Personal Introductoria. Las fiebres.
No sé si a ti te pasaba, pero cuando era pequeña enfermaba muy a menudo y pasaba largas temporadas en la cama. Recuerdo pasar un frío horroroso mientras mi madre me decía “a la ducha cariño, estás con 41 de fiebre”. Si tenía suerte y me veían muy jodida, me ponían paños fríos, era el mal menor .
Admito que me encantaban los cómics y las natillas de coco con las que se me premiaba pero a la vez ¿Cómo podía tener tanto frío mientras mi madre aseguraba que estaba ardiendo? ¿Por qué tenía que pasar por aquel calvario gratuito? No entendía nada. Además estos episodios iban acompañados de un fuerte dolor en las canillas y las pantorrillas. Me dolían todos los huesos del cuerpo pero en especial, me dolían las piernas, mucho.
Para mi sorpresa, cada vez que pasaban las fiebres y me disponía a volver al colegio, los pantalones ya no me rozaban el zapato. Era ligero pero se podía intuir que había crecido unos milímetros. Los que me conocéis sabéis qué mido 1,80m desde los 13 años, por lo que creo que no estoy exagerando.

Con el tiempo lo entendí. En estos casos la experiencia dolorosa era necesaria para el crecimiento. El dolor que sentía era el previo a un crecimiento físico literal que más adelante me traería beneficios como tener buenas vistas en los conciertos y llegar a los últimos estantes de toda cocina…¡Bien!
Algo parecido pasa con nuestro crecimiento interior. Las épocas más difíciles o las experiencias más duras nos dejan grandes aprendizajes, nos enseñan a valorar las pequeñas cosas o nos obligan a movernos para trascender situaciones que se vuelven insostenibles de tanto que nos duelen. Sin el dolor estos cambios no serían posibles.
Cuándo evitas a toda costa el sufrimiento te estás privando de un crecimiento natural por dentro.
En una sociedad que premia por encima de todo el positivismo y la falsa sonrisa (o la fake smile, parafraseando a Ariana Grande) hemos malinterpretado las señales y algunos nos pasamos la vida huyendo del dolor y del sufrimiento (Sí, yo también me sé la frase “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional” pero vosotros me entendéis ¿verdad?).
Nos colocamos lo más lejos posible de lo que creemos que puede hacernos daño, intentando protegernos a través de controlar algo incontrolable. La vida.
Frases como “Paso de las personas tóxicas, solo me traen malas vibraciones; No me comprometo con esta persona porque no quiero hacerme daño cuando acabe o no tengo mascota porque me encariñaré y cuando muera lo pasaré mal” están a la orden del día. Estamos evitando sentir el dolor y con ello nos estamos privamos de tener algunas de las experiencias más enriquecedoras de nuestra vida. Nada es irrompible en esta vida, la pregunta es ¿Cómo de entrenados estamos para llevar a cabo una reconstrucción?

Nos colocamos lo más lejos posible de lo que creemos que puede hacernos daño, intentando protegernos a través de controlar algo incontrolable. La vida.
Francesca ¿Estás diciendo que es necesario sentir dolor para crecer por dentro? No, hay mil formas de crecer por dentro, pero vivir de la forma más neutra posible algunas situaciones dolorosas nos enriquecerá como personas por lo que tal vez sea mejor entrenarse para saber aceptar estas situaciones con calma que intentar evitarlas u ocultarlas a toda costa para no vivirlas.
Por qué vivir y aceptar el dolor es la única forma de vivir plenamente el placer.
Puede parecer extraño pero si no puedes vivir el dolor tampoco podrás experimentar el placer. Solo en la medida en la que visites los 2 extremos podrás vivir plenamente. Pondré dos ejemplos claros de cómo vivir las dos polaridades (dolor versus placer) nos permite vivir plenamente y crecer como personas.
Para los que habéis vivido en el extranjero una temporada, vivir lejos de casa tiene sus momentos de añoranza, de tristeza y de melancolía pero también momentos de un crecimiento increíble. Conoces nuevas realidades, experimentas, vives y cuando pasa el tiempo solo tienes buenos recuerdos del maravilloso aprendizaje. Porque en ese viaje descubriste a una persona en ti que no hubieses descubierto de otra forma. En este caso, te estás permitiendo vivir las 2 caras de una misma moneda, el dolor y el placer. Si hubieses querido evitar el dolor y te hubieses quedado en tu zona de confort no hubieses podido experimentar ese gustazo, esas nuevas experiencias y ese placentero crecimiento (eso sí, hubieses estado tranquilit@ y calentit@ en casita).
De la misma forma, todos conocemos a personas que toman antidepresivos para tapar el dolor y la angustia que sienten o a niños cuya sobreprotección paterna y materna no les permite experimentar ningún tipo de frustración o de dolor. ¿Conocéis algún caso en que estas personas lleguen a experimentar el placer absoluto?
No quiero meterme con los antidepresivos, mucha gente puede levantarse cada día de la cama gracias a ellos y ahí será un médico o el propio afectado el que tenga la última palabra. Pero no nos engañemos, los antidepresivos tomados de forma prolongada inhiben sentir la emoción, tanto la mala como la buena. Por lo que es muy difícil que una persona que esté tomando este tipo de medicamento de forma continuada pueda experimentar un placer pleno.

De la misma forma, un niño que no experimenta ningún tipo de dolor o sentimiento de frustración (del tipo «no, hoy no puedes jugar con el móvil» o «si has roto el juguete no te compraré uno igual«, lo que tendría que ser el dolor de niñ@ vaya), tiende a estar descontento, no valora las pequeñas cosas y nada de lo que se le ofrece es nunca suficiente. Y de ahí que veamos niñ@s en países como India o Filipinas con una sonrisa de oreja a oreja y niñ@s occidentales con mala cara y refunfuñando todo el día, sin saber qué quieren, aunque no les quepa ni un alfiler en su amplia, limpia y lujosa habitación.
Vale Francesca pero tell me, What’s Next? Cómo afrontar el sufrimiento y no morir de dolor en el intento
Francesca ¿Significa eso que debo vivir el dolor al máximo, llorar y sufrir para que el crecimiento sea mayor? No. Para mí la clave está en aceptar las situaciones que vienen sin convertirnos en “reyes y reinas del drama”, enfocarnos en el aprendizaje que estamos sacando y valorar el resto de cosas buenas que tenemos en la vida.
A veces bastará con hacer una lista donde resaltemos todo lo que tenemos (en vez de centrarnos en lo que nos falta) o en dedicar tiempo a nuestro cuidado externo e interno con ejercicio y meditación. Otras veces, si el dolor se alarga en el tiempo y es muy intenso, tal vez necesitemos el apoyo de un profesional para que nos ayude en el camino, todo dependerá del grado de dolor que tengamos que soportar y de nuestro momento personal. Conocernos es la mejor forma de medir hasta donde podemos trabajar solos y cuando necesitamos poco de aliento para continuar, ambas opciones son muy válidas.
Por si te sirve te comparto una lista de opciones que yo personalmente he puesto en práctica y me han servido. Mientras te encuentres atravesando esa situación de dolor prueba lo siguiente:
- Da las gracias por todo lo que tienes en tu vida cada día al acostarte y al levantarte
Desde el sentir de tus dedos o tu libertad de movimiento hasta tu capacidad de comunicarte y de aprender. Suena a básico pero no sabes lo afortunado eres por tener estos dones de forma gratuita.
- Recuerda una situación dolorosa que hayas vivido en el pasado y averigua sobre tus aprendizajes
Con la perspectiva que da el tiempo, escribe qué aprendiste. Puede ayudar contestar estas preguntas ¿Cuál es la situación más difícil por la que has pasado en la vida? ¿Qué aprendiste? ¿De qué forma te fortaleció? ¿Qué valoras más de haber pasado por esa situación? ¿Qué te ayudó a superarla? ¿Quién eres ahora que no serías sin esa situación? (Se me ocurre alguna situación laboral súper dolorosa que al final ¡me hizo aprender muchísimo!)
- Entrénate antes de que llegue el dolor practicando la aceptación y la flexibilidad cada día.
El dolor llegará, de una u otra forma, son lecciones de vida que tendrás que aprender. No puedes controlar la realidad pero si puedes entrenarte tú para afrontar la realidad de otra manera. Puedes introducir la meditación en tu día a día de forma que vayas fortaleciendo tu estabilidad mental o entrenarte con alguna otra práctica concreta como las que propongo en el ebook El Reto del Funambulista Vital. Si todavía no lo has descargado te invito a que lo hagas ahora y empieces el entrenamiento.
Conclusión y ejemplo
En resumen, vivir y aceptar el dolor es beneficioso para nuestro crecimiento interior y para el disfrute general de la vida. Este crecimiento puede suponer que nos convirtamos en alguien mejor, que valoremos cosas que antes ni siquiera veíamos o que aprendamos nuevas formas de vivir más sanas y completas.
La aceptación del dolor se puede entrenar a través de prácticas cotidianas y diarias y siempre podemos contar con el apoyo de profesionales especializados para superar los tramos más potentes. Será todo un reto del que saldremos fortalecidos.
Para finalizar, me gustaría hablar del fascinante arte del Kintsugi o “carpintería de oro”. Este arte Japonés consiste en la reconstrucción de objetos de cerámica utilizando resinas espolvoreadas con oro. El proceso de secado es muy lento y las marcas de la reconstrucción son claramente visibles. Lo que me enamoró de esta técnica es que, una vez roto y reconstruido el objeto, la resina de oro o cicatriz, lo embellece y lo hace único, en vez de empobrecerlo como en un principio cabría esperar.

Me enamora este concepto como filosofía de vida. Tus cicatrices son el recuerdo vivo de un pasado que te ayudó a ser quién eres hoy. Tus vivencias más dolorosas te llevaron de alguna forma a estar donde estás y a ser único. Las cosas se rompen, también dentro de nosotros, pero tenemos la capacidad de reconstruirlas y de hacerlas lucir todavía más bellas, al igual que en el arte del Kintsugi.
Cuando algo se rompa en ti, acógelo y recuerda estas maravillas. Busca la forma de reconstruirlo, un crecimiento se dará en ti y poco a poco, te llevará a un lugar mejor.
Gracias infinitas por estar ahí. Pase lo que pase, dure lo que dure este viaje, espero que lo disfrutes. ¡Suerte!
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Película Recomendada:
La vida de Pi. Año 2012, dirigida por Ang Lee.
