
¡Hola! Me llamo Francesca
I’m a Human
Al igual que tú y que todos los otros, soy un ser humano, soy vida en un cuerpo.
Me llamo Francesca Castells y me muero de ganas por que la gente de este mundo sea cada día un poco más feliz!
He podido verificar por mí misma que la felicidad y la plenitud que experimenta un ser humano es directamente proporcional a la interpretación neutral que hace de los hechos que ocurren a su alrededor.
En estos tiempos que corren y con unos niveles de perturbación y conflicto que suben más rápido que los followers de la cuenta de @gretathunberg (empezando por nuestros políticos y acabando por nuestros vecinos de al lado o por nosotros mismos, a quién queremos engañar!) creo totalmente necesario e imprescindible que cada uno se responsabilice de una vez por todas de su propia felicidad y así poder aportar a nuestra sociedad la paz y coherencia necesarias para su organización, coordinación y supervivencia.
Orígenes, Adolescencia y Universidad
Nací en un pueblo a orillas del Mediterráneo en la Costa Blanca, provincia de Alicante. Aunque era un pueblo pequeño de no más de 8.000 habitantes en lo años 80, había ya muchos residentes de toda Europa y del resto del mundo, por lo que, en el año 89, ya compartía aula de parvulario con amigos de origen filipino, indonesio, suizo, alemán, belga, chino o inglés, entre otros. Con la riqueza cultural que eso aporta a la educación de una niña.

Tuve la grandísima suerte de crecer en el ambiente de un pueblo rural y agrario, de «los de toda vida«, que se mezclaba con la multiculturalidad de una gran ciudad cosmopolita y eso, para mí, fue una gran ventaja porque me aportó desde pequeña una apertura de miras que de otro modo no hubiese podido conseguir tan temprano.
Recuerdo mi infancia y adolescencia con calma, tranquilidad y mucho amor. La mayoría de l0s niños de mi generación crecimos entre las lecciones de solfeo, el ballet y el equipo de baloncesto, de voley o de fútbol según el caso (3 opciones me parecían la bomba hasta que este año pasado mi sobrino de 7 años me enseñó el menú desplegable con las actividades extra-escolares donde se ofrecía desde iniciación al teatro hasta clases de cerámica… ¡boooom! 🤯).

Tanto mi pueblo como los pueblos vecinos, eran modestos en cuanto a número de habitantes. Llegados a los 14 años de edad pasábamos todos a un instituto común, lo que significa que gente de unos 7 municipios, aproximadamente, se encontraba cada día en el Instituto central (cocktail explosivo de hormonas en expansión y novedad. ¡Mis más sinceros respetos a los valientes profesores que se encargaban de nosotros cada día! )
🙌
Pasada la tan temida selectividad a los 18 años (casi 20 años después me cuentan que sigue siendo la misma idéntica prueba, todo un avance para nuestro sistema educativo, ¿verdad?) me trasladé a la ciudad de Valencia para estudiar, estudiar una carrera universitaria… 🎓
Estudiar era para mí la única opción. Pedí Filosofía, pero mi padre, con toda su buena intención y queriendo protegerme, me dijo que moriría de hambre.
Francesca, si eliges Filosofía, te morirás de hambre cariño.
Trust your Dad
Me “recomendó” que eligiese alguna de las carreras «principales»: Ingeniería, Medicina, Matemáticas, Economía o Derecho 🤑. Que luego podría hacer Filosofía o lo que quisiese. Yo no tenía muy claro por dónde iban mis tiros en aquel momento pero tenía claro que quería irme a Valencia y los números no me iban nada. En Derecho había alguna asignatura como Filosofía del Derecho o Ética y me encantaba la política ( Sí, habéis leído bien, me encantaba, a los 15 años y antes de la era internet, ya me merendaba 3 periódicos los fines de semana y miraba todos los telediarios que podía). Así que al final elegí Derecho, aunque no tuviese ni idea de qué salidas tenía ni de cómo lo rentabilizaría al finalizar.
No imaginábamos que la crisis financiera llegaría justo al mismo tiempo que yo debía licenciarme y que, la misma idea que tuvo mi padre, la tuvieron muchos otros padres, por lo que seríamos miles de licenciados en las mismas especialidades optando a muy pocos puestos
Good luck, bad luck, who knows
Durante los años de universidad conocí a algunos de los que hoy son mis mejores amigos, trabajé como azafata de eventos y modelo a tiempo parcial para pagarme los gastos del día a día y conocí a mi primera pareja de la vida adulta. Gracias a él descubrí un nuevo estilo de vida mucho más libre y autónomo, viajé por el mundo en modo low cost extremo (dormir por 5€ y comer por 1,50€ para mí es extremo, yes!). Viví mil aventuras, conocí diferentes países y culturas y me adentré por primera vez en el mundo del emprendimiento.

Thailand, 2013 
Jordan, 2009 
Brasil, 2007 
Egypt, 2009
La edad adulta y la entrada en el mundo laboral
A los 24 años me licencié en derecho y entré a trabajar como becaria en un despacho de abogados. Al finalizar las prácticas me contrataron, lo que significa que encontré «un buen trabajo de lo mío» cuando la crisis causaba estragos en España en 2010. Todo iba bien.
A los 26 ya trabajaba como abogado, aprendía más cada vez y en plena crisis financiera, cuando tantas empresas cerraban cada día o se declaraban en concurso de acreedores, mi despacho había pasado de 8 a unos 30 trabajadores en solo 2 años. A la vez, ese mismo año, entraba en el mundo del emprendimiento de la mano de mi pareja. Empezamos abriendo una tienda frente al mar en nuestro pueblo, viajábamos a India y a Indonesia y empezábamos a traer un pedacito Asia en forma de vestimentas, decoración y otros objetos que nos parecían preciosos. En 3 años habíamos abierto 3 tiendas al público, @bundishop se consolidaba como negocio y empezábamos a vender a otras tiendas en España. Todo estaba bien.
Llegados los 29 años, en el plano profesional conseguía mi primer ascenso, en el despacho donde trabajaba. Un puesto como responsable de cartera de uno de los clientes clave para nuestro despacho. La empresa ya contaba con más de 100 trabajadores entre Madrid y Valencia. Por otro lado los 3 negocios que regentaba mi pareja se habían estabilizado y daban cada vez más beneficios económicos. Todo estaba muy bien.
En el plano personal, mi pareja y yo teníamos lo que todo nuestro entorno calificaba como una relación envidiable. Una relación de 8 años siendo mejores amigos, una relación de tolerancia absoluta, colaboración plena en todos los ámbitos y de un respeto y un amor incondicional increíbles. La relación con nuestra familia y amigos era de cine (no desde un punto de vista Instagram, tampoco salíamos tan bien en las fotos ¡sino de verdad!). Todos gozábamos de una salud excelente y tenía con mi entorno una relación plena y sincera. Todo estaba muy bien.
Anxiety Time
Hago todo este resumen para poneros en situación. Mi vida contaba con todos los checks exigidos del éxito profesional y personal, al menos desde el punto de vista de la sociedad del momento. En plena crisis económica trabajaba «de lo mío», ascendía a la vez que mi empresa crecía, tenía negocios propios en marcha en los que realizaba viajes exóticos que me permitían conocer de primera mano culturas muy distintas, mi familia estaba unida y feliz, mis amigos eran amigos de los de verdad. Mi pareja era una pareja-equipo, de esas que crean relaciones en las que estás en tándem con una de las mejores personas que has conocido en tu vida y aún así… llego la ansiedad … ¿!Pero si todo estaba bien!? ¿Y entonces?
Lo único que falta en tu vida, eres tú.
Osho
Mi historia es una historia que muestra cómo es posible tocar fondo cuando consigues todo lo que se suponía que debías conseguir para ser feliz y todavía sientes en tu interior el vacío más grande del mundo, aunque todo esté bien.
La gente a tu alrededor no lo entiende, viendo tu situación «real» cree que se te pasará lo que sea que tienes… «Hazte un viaje y lo verás distinto a la vuelta, necesitas cambiar de aires; Píllate un spa con masaje y relájate, es estrés; es la crisis de los 30, es normal se te pasará; es falta de tener hijos, ya tienes una edad...» Entre otros grandes hits . Y la ansiedad seguía creciendo y yo no podía tener un motivo porque todo estaba bien, todo menos Yo.
La Decisión
El día que decidí dejar todo y marcharme a Londres sin billete de vuelta ya llevaba 3 meses sin dormir bien y había perdido 12 kilos (solo para que os hagáis una idea mido 1,80 m y llegué a pesar 57 Kg, creo que es un buen indicativo de que algo no iba del todo bien). Llevaba unos meses sumida en un espiral de juergas, excesos, mentiras y nada, nada de lo que hacía conseguía llenar el vacío que sentía, el vacío solo crecía cada vez más.
La oportunidad surgió un viernes, mi prima Marta que vivía en Londres había venido a España de vacaciones y buscaba compañero de piso para entrar en septiembre. Era julio. Ese fin de semana hablé con mi pareja, dejaría el trabajo e iría un tiempo a Londres. Él me apoyó porque no me veía bien y nos pusimos a organizar todo.
Ese mismo lunes hablé con mi jefe, que me ofreció una subida de sueldo y otras alternativas que tuve que declinar. Aunque la verdad es que fue muy amable por su parte, en ese momento no podía aceptar otra alternativa que marcharme. Hablaríamos a finales de septiembre, por si cambiaba de opinión.
Para cuando llegó el 25 de agosto había vaciado un piso en el que llevaba 10 años viviendo, un piso donde había vivido mis años de universidad, de primer trabajo y de mi primera relación adulta en pareja (los que hayáis hecho una mudanza sentimental sabéis de que hablo). Mi pareja y yo pusimos fin a nuestra relación de 8 años. Dejaba mi puesto de trabajo en la empresa en la que había estado 4 años, y que tanto me había enseñado, y me marchaba a Londres en busca de no-sabía-qué. Con nada seguro y con mucho dolor a las espaldas pero a la vez con una alegría que me invadía el alma 🖤.
Sin duda, lo que me hizo ver fue el parar. Parar fue para mi un darme cuenta, darme cuenta de que había seguido un camino marcado por otros…
El año en Londres fue lo que me gusta recordar como un «Renacimiento». El contador se puso a 0. Los planes de hijos, casa y ascensos que estaban grabados a fuego en mi cabeza habían desaparecido. Londres me dejó ver que las personas se reinventaban cada día, que no hay edad, no hay límites, no hay estatus, está todo en un tu cabeza. No hay que elegir entre 2 caminos, que en realidad hay mil opciones de vida.
Siendo realistas, una ciudad no puede enseñarte eso pero ver tantos ejemplos vivos y en directo ayuda a ampliar las miras. Sin duda, lo que me hizo ver fue el parar. Parar fue para mi un darme cuenta, darme cuenta de que había seguido un camino marcado por otros, que la corriente me había llevado, que no había visto mis opciones, que no me había responsabilizado de mis actos, y por tanto, no podía quejarme de los resultados ni echar culpas a nadie. Que cuando uno se pone en modo «alga» el destino lo eligen las corrientes.
En mi año en Londres aprendí inglés, conocí a gente extraordinaria y dejé de pensar, al menos de la forma en la que lo había venido haciendo, pensando siempre en un futuro que no existía, porque lo único que existe, queridos amigos, es el momento presente.
El lugar más encantador del mundo me eligió para que trabajase en él, su nombre era Story Deli y había que llamar a la puerta para entrar. Un matrimonio de artistas-artesanos de Manchester regentaba el sitio. Toda la materia prima era 100% ecológica, el mobiliario second hand, el papel reciclado, el resto de waste reciclable y no se utilizaba ningún tipo de químico o producto similar que pudiera dañar el medio ambiente. Íbamos a comprar en bici y hacíamos compost. El 123 de Bethnal Green Road, en el cruce con el mítico Brick Lane, se convirtió en mi nuevo hogar y Lee en mi nuevo maestro.

Pero nuestras creencias son muy fuertes, nuestro disco base es muy potente y una vez pasado un año, vivida la aventura y cumplidos los 30, algo me empezó a empujar de nuevo. No estaba bien vivir sin un plan, sin seguir con mi carrera profesional, sin tener una pareja estable, sin proyectos de hijos, de casa, de familia. Y volví a España pero aún no sabía qué hacer.
No, no puedo decir que me reinventé en Londres, que encontré mi pasión, que mi propósito me encontró a mí o que cumplí mi sueño. No había sueño, no había propósito, había tanto ruido en mi cabeza que no pude verlo. Lo que conseguí en Londres fue parar y desviar un poco el rumbo, nada más, y aún así fue uno de los mejores años de mi vida y lo mejor que pude hacer en aquel momento.
La Vuelta a Casa
Volvía a España, mi antiguo jefe me ofreció un puesto de trabajo en Madrid. Llegados a este punto sabía que no quería seguir ejerciendo de abogado pero la empresa seguía en auge y había una nueva pata de negocio relacionado con el derecho que no era abogacía pura. Aceptaría el puesto por unos meses, 6 como máximo, conseguiría un piso y mientras decidiría qué quería hacer con mi vida.
Los 6 meses se convirtieron en 4 años. Entré en la empresa, empezó a crecer el nuevo departamento, recibí el premio anual de la empresa a «Los Valores» y me convertí en responsable de área. Trabajé más de lo que había trabajado en la primera etapa, cada día me enfrentaba a retos nuevos, situaciones que no había resuelto antes, aprendí a gestionar y coordinar personas maravillosas, que aún me enseñaban más cosas si cabe cada día.

Aunque el nivel de estrés crecía cada vez más y parecía que la vida me ponía pruebas cada vez más duras a nivel laboral, esta vez estaba disfrutando de todo lo que hacía y tras mucho pelearme, decidí no decidir. Me dedicaría a disfrutar de la oportunidad que me estaba dando la vida, de mi empresa en la que tan a gusto estaba, de Madrid y de mi nueva vida y no seguiría pensando en cuál era mi propósito en la vida o mi lugar correcto o el mejor camino a seguir. En lugar de eso decía sí a la vida que se me ofrecía. Empecé a trabajar las partes que dependían de mí. Con consciencia, me pasé a la vida eco, al consumo consciente, a la reducción de residuos e hice todo lo que estaba en mi mano para sumar, tal y como había aprendido en Londres.
Mi vida en Madrid fue fantástica. Conocí a gente como Abraham, un judío de California que empezó como mi profesor de guitarra y acabó siendo un gran amigo, el que me enseñaría los lugares más castizos y más cool de la ciudad y por el que trabajé en una granja ecológica en California un verano. O Lucy, mi londoner favorita, que fue mi compañera de piso en La Latina. Tan ordenada, tan vegetariana y tan amorosa, una inglesa muy mediterránea. También conocí a Simon, un músico de Melbourne que me descubrió las noches de Berlín y la vida de camping de Australia. Más tarde me mudaría a vivir a Lavapiés con mi primo pequeño Joan, una de las personas que más admiro y quiero en el mundo. Ese fue, sin duda, el regalo más grande que me ha dado esta maravillosa ciudad.

De alguna forma, al volver a Madrid había abrazado todo lo que la vida me daba, había dado gracias, había disfrutado y aprovechado cada oportunidad y seguiría hacia adelante hasta que apareciera mi vocación, eso es lo que decidí. Y en ese momento, en el momento en que acepté mi situación y abracé con todas mis fuerzas lo que la vida me estaba trayendo, apareció una persona en mi vida, una persona que se convertiría en compañero de abordo y que traía el libro de “Encantado de Conocerme” de Borja Vilaseca bajo el brazo ♥.
El maravilloso mundo del Autoconimiento y el Desarrollo Personal
El Eneagrama fue mi primer contacto con el mundo del autoconocimiento “Comprende tu personalidad a través del Eneagrama” rezaba la portada y una mano sostenía un antifaz que acababa de ser arrancado de un rostro, según se daba a entender.
Y claro que comprendí muchas cosas, sobre mí y sobre mi entorno. Cada uno estaba intentando sobrevivir con las herramientas que tenía. Cada uno interpretaba la realidad de una forma distinta. Cada uno tenía su propia historia, sus propios traumas, sus propias heridas y como nadie se conocía a sí mismo , pues mucho menos iba a conocer al que tenía enfrente. Y así estábamos, con conversaciones que no llevaban a ninguna parte, con resentimientos, odios, rencores, envidias, venganzas, malas interpretaciones, ofensas y un mundo de dolor y sufrimiento en la mente de cada uno que no nos dejaba avanzar.
No me malinterpretéis, seguramente hay muchísima gente que no ha sentido este dolor nunca. Gente que se ha escuchado y se conoce a ella misma mejor que nadie, que vive en paz y no se perturba por nada. ¡Tiene que ser genial vivir en esa paz! Pero no era mi caso y, si has llegado a leer hasta aquí, seguramente tampoco sea el tuyo.
siempre había seguido el método empírico, contrastar datos, analizar la prueba científica, llegar a una conclusión lógica, (…) el método empírico, como yo lo aplicaba y para conocerme, no me había llevado a un nuevo destino
Para mi suerte, Borja Vilaseca tenía más libros y un máster que había sido impartido en la Universitat de Barcelona durante años y ahora también estaba en Madrid. Entré en Google al día siguiente de haber leído “El Principito se Pone la Corbata” y tecleé “Borja Vilaseca Máster” ¡boom! Ahí estaba, http://www.desarrollopersonalyliderazgo.com/ . Leí el programa, no conocía a ningún profesor pero me pareció alucinante la de herramientas que existían para llegar a conocerse a uno mismo y a la vez a los demás, revisé algunos videos y me inscribí, empezaba en Septiembre.
Me consideraba una persona bastante racional, siempre había seguido el método empírico: contrastar datos, analizar las pruebas «a lo científico», llegar a una conclusión lógica, etc. Pero también soy una persona muy curiosa y muy abierta, y el método empírico, tal y como yo lo aplicaba y para conocerme, no me había llevado a un nuevo destino. Cada vez que intentaba “conocerme a mí misma” me sentía como Jack de Pesadilla antes de Navidad con la pizarra y las fórmulas lógicas intentado descubrir el misterio de la Navidad…Failed!!
Así que me matriculé y empezó la gran aventura de mi vida. Durante un año he aprendido y verificado decenas de herramientas y métodos distintos que me han permitido comprender a mi auténtico ser, sus necesidades, por qué sufría, cómo interpretaba la realidad, etc.
Este año de autoconocimiento 24/7 me ha hecho virar el timón. Tras finalizar el máster y tras mucho meditar, dejé mi puesto en la empresa de Madrid y volví a mi pueblo natal unos meses para tomar aire y empezar un nuevo proyecto profesional enfocado a mejorar la calidad de vida de las personas desde dentro.
He descubierto que el mundo puede ser un lugar mejor siempre que todos y cada uno de nosotros se conozca, identifique su esencia y viva con consciencia absoluta, aportando al mundo lo mejor que hay en él. Puede sonar a cuento pero se está convirtiendo en una realidad y a ello voy a dedicar este blog, porque creo que todos deberíamos estar emocionados de saber que sí podemos salvar el mundo, que solo tenemos que tomar nuestra parte de responsabilidad en esta sociedad y actuar en consecuencia para crear un mundo mejor, conozcámonos a nosotros mismos y sumemos entre todos.
Gracias infinitas por estar al otro lado. Pase lo que pase, dure lo que dure este viaje, espero que lo disfrutes. ¡Suerte!

Francesca Castells Bertomeu
Deja de esperar lo que está por llegar.
Vive lo que ya tienes ahora.
